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Honduras no garantiza plenamente los derechos humanos de su población

Afiche sobre visita in loco CIDH Honduras

Tegucigalpa, M.D.C., 1 de diciembre de 2014. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) inicia hoy su visita a Honduras. La presencia de la CIDH –máximo órgano de protección y promoción de derechos humanos del continente americano–, demuestra su particular interés e inquietud por la situación en el país.

En este marco, las organizaciones firmantes manifestamos:

Primero: A partir del golpe de Estado ocurrido en el año 2009, la institucionalidad democrática continúa fragilizándose. Las autoridades siguen sin reconocer la ruptura del orden constitucional; la mayoría de las violaciones de derechos humanos cometidas en dicho contexto se mantienen impunes; y las estructuras de poder (como la Corte Suprema de Justicia y el Ejército), que facilitaron el golpe de Estado, no han sido sancionadas. La independencia judicial todavía es un anhelo cada vez más lejano debido al alineamiento del poder legislativo y judicial con lo que dicta el poder ejecutivo.

Segundo: Paulatinamente se ha venido fortaleciendo el poder militar en detrimento del poder civil. En la actualidad, diversas instituciones públicas son dirigidas por militares como por ejemplo: la Dirección de Migración, Aeronáutica Civil, HONDUTEL, Registro Nacional de las Personas, entre otras. Adicionalmente, el gobierno creó la policía militar de orden público y ahora pretende darle rango constitucional, aun cuando se ha denunciado su participación en violaciones de derechos humanos.

Tercero: Las cifras de violencia no han disminuido, pese a nuevas disposiciones que modifican el método para establecer la cantidad de muertes violentas y que impiden el acceso a la información pública, según datos del Observatorio Nacional de la Violencia del año 2013, ocurren 79 muertes violentas por cien mil habitantes. La impunidad sobre este tipo de hechos es casi total (92%).

Cuarto: Si bien se han aprobado planes de acción en materia de derechos humanos, estos no se están implementando. Por ello Honduras está en deuda con la garantía plena de los derechos de todos y todas sus habitantes. En particular, preocupa la discriminación y exclusión de los pueblos indígenas, de los afrodescendientes –reflejado en el despojo de sus territorios y con el riesgo, entre otras cosas, de que estos pueblos desaparezcan; la violencia contra las mujeres, las niñas, las personas jóvenes, así como la discriminación y violencia en contra de las personas de las comunidades lésbicas, gays, trans, e intersex. También es preocupante la criminalización y persecución de defensores y defensoras de derechos humanos; las condiciones inhumanas que enfrentan las personas privadas de libertad; las amenazas y asesinatos contra quienes ejercen la libertad de expresión, así como contra operadores de justicia que han demostrado honradez y transparencia en sus trabajos.

Quinto: La visita de todos los integrantes de la Comisión Interamericana constituye una oportunidad valiosa para que el Estado hondureño rinda cuentas sobre sus actuaciones pasadas y presentes, pero principalmente para que informe sobre sus planes de cómo va a abordar las diversas problemáticas que aquejan al país.

La sociedad civil organizada da la bienvenida a la CIDH y espera que se continúe brindando un seguimiento cercano a Honduras, así como que se establezcan recomendaciones encaminadas a cambios estructurales que permitan mejorar la situación de los derechos humanos de todos y todas las hondureñas.

Consideramos que las nuevas autoridades del Estado de Honduras deben aprovechar la visita de la CIDH como una oportunidad para que, en estricto apego de sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, se construya la institucionalidad democrática que tanto necesita el país.

Organizaciones firmantes:

Asociación de Jueces por la Democracia (AJD)

Asociación LGBT Arcoiris

Asociadas por lo Justo (JASS)

Asociación Para una Vida Mejor de Personas Infectadas/Afectadas por el VIH-SIDA en Honduras (APUVIMEH)

Casa Alianza Honduras

Centro de Derechos de Mujeres (CDM)

Centro de Estudios de la Mujer-Honduras (CEMH)

Centro de Investigación y Promoción de los Derechos Humanos (CIPRODEH)

Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL)

Colectiva de Mujeres Hondureñas (CODEMUH)

Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH)

Comité por la Libre Expresión (C-Libre)

Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH)

El Centro de Prevención Tratamiento y Rehabilitación de Victimas de la Tortura y sus Familiares (CPTRT)

El Frente Amplio del Colegio de Profesionales de Educación Media de Honduras (COPEMH)

Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús (ERIC-SJ)

Foro de mujeres por la Vida

La Red de Mujeres de Ojojona

Movimiento Diversidad en Resistencia

Movimiento Ambientalista de Santa Bárbara (MAS)

Movimiento de Mujeres por la Paz Visitación Padilla

The Deadly, Invisible Borders Inside El Salvador When the threats come, there is only one direction for families to run

(while this article is mainly about El Salvador, its relevance to Honduras is obvious)
By
 http://www.newrepublic.com/article/119027/border-crisis-what-refugees-are-escaping-central-america

Last April, in the town of Izalco in the western state of Sonsonate, El Salvador, a group of families decided to dismantle the makeshift houses of wood and tin where they had been living for up to 26 years. The scene unfolded on a rural stretch of land known as the San Luis Ranch, where the families had built up a shantytown. The Mara Salvatrucha gang, which is blacklisted by the U.S. Treasury Department, had targeted one of the residents, and that meant all the families felt they had no choice but to move.

In the United States, you are having a debate over immigration. But many of the Central Americans now coming into the United States never wanted to leave their country. For them, the proper verb is not migrar, but huirto flee. The breaking point for the residents of San Luis Ranch came when members of the Mara Salvatrucha, also known as MS-13, kidnapped Gerardo, a 22-year-old man from the settlement. That same night, Gerardo’s father, a 45-year-old farm laborer, went to the nearest police post to file a missing-person report. The police told him they couldn’t help him because they were using the area’s only patrol car to transport a sick woman. The next morning, Gerardo’s father and a few neighbors and rural police officers set off to look for him. They combed the foothills of the Izalco Volcano until they came to a hamlet called Cangrejera where a storm of gunshots stopped them cold. None of the shooters, the police would later estimate, were older than 15. Gerardo’s father and some of the other farm laborers thought they had caught a glimpse of a tied-up Gerardo being dragged away by the gang members who were shooting at them. Gerardo’s father chased after the child-thugs until a bullet caught him in the head.

But why was Gerardo abducted in the first place? According to the police, the young MS-13 members were provoked by Gerardo’s visits to his grandfather, who lived in a nearby subdivision ruled by the rival 18th Street Gang. No gang likes it when people living on their turf cross over to another’s. They fear that their enemy will take advantage by buying out their subjects and using them to attack from within. A visit to a relative becomes treason. In such ways does the violence in Central America reach people of all ages, not just the minors who fill news reports about the immigration crisis.

The packing up of the settlement on San Luis Ranch was speedy and grim. A police squad stood by to protect neighbors from attacks while they dismantled their homes. That was the police’s only role: to watch over the escape.

Having problems with MS-13 or the 18th Street Gang means having problems with a criminal army. According to the Salvadoran Ministry of Public Security and Justice, there are some 60,000 active gang members in a country that has little more than 6.1 million inhabitants and barely spans 8,100 square miles. There are cliques of the main gangs in all 14 of El Salvador’s states. The state of Morazán has the fewest cliques with eight; San Salvador has the most with 216. The cliqueswith names like Hollywood Locos Salvatrucha or Southern Tiny Locoscan be made up of adolescents armed with .38 caliber revolvers like the group of kids who killed Gerardo’s father, or they can be like the Fulton Locos Salvatrucha. When the police raided a Fulton Locos stronghouse, they found an arsenal, seizing more than ten AK-47s and M-16 rifles, as well as a dozen M-67 grenades.

Reuters/Daniel LeClair
The aftermath of an attack on a public bus in Guatemala City.

On top of such firepower, the gangs have developed effective systems of surveillance and security, and they like to use these to humiliate the authorities. This past May, for example, the Salvadoran director of forensic medicine announced that a number of his technicians were extorted after entering gang territory to retrieve bodies.

You probably have read that El Salvador and Honduras have had the highest homicide rates in the world over the past ten years. But to put the numbers in proper perspective: In Mexico, when the violence caused by warring murderous organized crime groups like Los Zetas and the Sinaloa Cartel peaked in 2011, the country ranked only fourteenth for per capita killings, with an average of 22.8 homicides for every 100,000 inhabitants, according to the United Nations. Honduras, now ranked first, has 90 for every 100,000 people. El Salvador is right behind it. In 2013 alone, the gang violence of this frightened corner of the world claimed 15,328 lives.

Both of Central America’s major gangs were founded decades ago in California, by Latin American migrants who banded together in order to defend themselves from gangs already ruling there. By the mid-’90s, the U.S. government had decided it was a good idea to deport thousands of gang members each year, many of whom had committed small crimes. The gangs grew quickly and are still spreading. The United States seemed to have forgotten the golden rule of migration. Forgotten that migration works like a boomerang. There are cliques of MS-13, such the Sailors Locos Salvatrucha, that formed in El Salvador but whose members are now migrating to Washington, D.C.

Joining a gang isn’t something you can take back. Once you’re in, there are only two ways to get out: by dying or running. And merely joining is a nightmare: To become a member, you need to murder. In the last three years, the gangs have required aspiring members to kill somebody before they can join the ranks.

They kill to join because the legitimate occupations available to them can feel like a different kind of death. El Salvador, Honduras, and Guatemala have devastating levels of inequality. The United Nations has flagged the countries as among the most unequal in the Americas. Many have very little; very few have way too much. In El Salvador, the minimum wage requires that a farm worker be paid just $113.70 a month for his or her brutal twelve-hour days of labor. Other pathslike joining a gangcan seem, at least at a glance, more appealing. Children buckle under the enormous recruiting pressure. Who wants to follow in his father’s footsteps when his father is an exploited laborer? Each clique sends most of its earnings to its top bosses, most of whom are in jail. But the leftovers are enough to share among the foot soldiers. The money and the opportunity to go to war are stronger attractions for many young men than the misery of waking up at four in the morning for a long day of work under the sun, then returning to their clapboard homes at night to eat beans and tortillas and, for all of their toil, receiving nothing but an insulting wage at the end of the month.

When a family keeps its children out of the gangs, the gangs have a way of still getting to the family. The case of the former residents of San Luis Ranch repeats itself ceaselessly. Every month, you see a newspaper headline announcing a new group abandoning their homes. The families are threatened for all sorts of reasons: because their sons didn’t want to join a gang, because a family member filed a police report, because they won’t let a gang member rape their daughter. Or simply because they visited their grandfather in enemy territory.

Pushed out of their neighborhoods, the families are recast as wanderers, bouncing from house to house until they can find a new community, which will likely be controlled by the same gang that forced them to flee in the first place. Or it will be controlled by the rival, which is just as bad: The 18th Street Gang would never accept an MS-13 family moving into their neighborhood, and vice-versa. The families scatter with the threat chasing closely after. Any day, the clique that runs their new neighborhood will figure out why they left their old one and then, most likely, kill them. Many of these people will never find the safety they sought when they gave up their homes.

It’s only natural that someone who can’t find a corner in which to hide in his own country would consider migrating to the United States to join relatives already there. And now, decades after the civil wars that led to the last great exodus, Central America is facing another war: a war prompted by the gangs’ takeover of our weak and corrupt states. It’s a war in which the United States has its share of responsibility, just as it had its share of responsibility when the U.S. government supported the military dictators in the ’80s and ’90s. Last year, according to U.S. Immigration and Customs Enforcement, the Obama administration deported an average of 59 Salvadorans a day, a number much higher than the rate under George W. Bush. The deportations are meant as a deterrent, but the fleeing continues. The Independent Monitoring Group of El Salvador estimated that every day between 200 and 300 Salvadorans leave their country en route to the United States as undocumented immigrants. And of course this is not counting the daily departures from Honduras and Guatemala.

There is an alternative to fleeing. And that is to stay and become a living ghost. For the past two years, I’ve been in touch with a 31-year-old ex-member of the Hollywood Locos Salvatrucha who testified against members of his own clique. The Public Prosecutor’s Office used him for three years to build cases against 42 gang members accused of nine murders and multiple extortions. Then the authorities abandoned him. In order to survive, he lives like a nomad in the western mountains of El Salvador. He knows firsthand that the gangs are everywhere, that they are out there, hunting.

Óscar Martínez is the author of The Beast: Riding the Rails and Dodging Narcos on the Migrant Trail and a writer for ElFaro.net.

 

Crime Fueled by Police and Gangs in Honduras Causing Children to Flee

Thousands of migrants in the U.S. are children from Honduras escaping highest murder rate in the world

http://www.commondreams.org/news/2014/08/12/crime-fueled-police-and-gangs-honduras-causing-children-flee

Children sleep in a holding cell in Nogales, Arizona. (Photo: Human Rights Watch)

More than 62,000 unaccompanied children fled Central America for the U.S. border in the past year alone to escape poverty and violence, particularly in Honduras, which became the most deadly country in the world in 2014 — more dangerous than Iraq at the height of the U.S. occupation, according to the Center for American Progress.

While the government plans shutdowns of migrant shelters in Texas, Oklahoma, and California, crime in Central America continues to skyrocket. The United Nations Office on Drugs and Crime reported in 2013 that the murder rate in Honduras was 90.4 per 100,000 people, compared to the U.S.’s 4.7, with individual cities like San Pedro Sula struggling with 187 homicides per 100,000.

Iraq’s civilian casualty rate in 2007, while in the throes of insurgency, CAP says, was 62.2.

Gang violence is partially driving the unprecedented migration wave, but a corrupt national police force also fuels the crime rate. The Honduran Ministry of Security recorded a homicide rate of 75.6 per 100,000 in 2013 — a significant difference from the UNODC’s numbers for the same year, statistics that come as the State Department warns of the Honduran government’s lack of “sufficient resources to properly investigate and prosecute cases” that allows criminals to “operate with a high degree of impunity” throughout the country. The UNODC also estimates that there are more than twice as many gang members as there are police officers in Honduras, a dire prospect considering the high rates of corruption among law enforcement.

While poverty in Honduras is widespread, violence — both real and feared — is a greater driving factor in the migration swing. Honduran children “come from extremely violent regions where they probably perceive the risk of traveling alone to the U.S. preferable to remaining at home,” according to U.S. Customs and Border Protection.

Before 2011, CBP encountered roughly 8,000 unaccompanied minors annually. The rapid upswing in Central American migrants entering the U.S. began when crime rates hit another growth spurt following years of police corruption, civil unrest, including a 2009 coup d’etat that saw the overthrow and exile of then-President Manuel Zelaya, and increased drug trafficking. The total number of cocaine and heroin shipments passing through Central America on the way to consumers in the U.S. more than tripled from 2004 to 2011, rising from an estimated 24 to 84 percent. Widespread crackdowns on the drug trade in Mexico and Colombia also pushed crime and gangs deeper into smaller Central American countries that did not have the resources to fight them off.

As gang violence and police corruption persists, the average age of Honduran civilians that face becoming targeted has lowered. According to the Pew Center for Research, children ages 12 and under are the fastest growing group of unaccompanied minors traveling to the border, and almost half of them are girls. The number of girls seeking refuge in the U.S. grew 140 percent over the last year, compared to a 100 percent increase among boys.

“Due to many factors, including the high homicide rate and alarming levels of other expressions of violence, including injuries, robberies and extortion, Honduras is reported to be among the most violent countries in the world today,” said Rashida Manjoo, UN Special Rapporteur on violence against women, after a visit in July 2014. “In Honduras, violence against women is widespread and systematic… The climate of fear, in both the public and private spheres, and the lack of accountability for violations of human rights of women, is the norm rather than the exception.”

When the UN Refugee Agency interviewed (PDF) Honduran children who had fled the country in 2012 and 2013, organized crime and violence in their societies were one of their most highly cited reasons for leaving. One 12-year-old girl spoke about threats of rape and kidnapping that girls in her community faced every day:

In the village where I lived there were a ton of gang members. All they did was bad things, kidnapping people. My mother and grandmother were afraid that something would happen to me. That’s why my mother sent me here. They rape girls and get them pregnant. The gang got five girls pregnant, and there were other girls who disappeared and their families never heard from them again.

Migrant children who are able to reach the U.S. live in conditions that are only marginally better than what they face at home. They are warehoused in military bases and overcrowded detention facilities while they wait to see if the government will protect them or send them back home to the unstable environments they were escaping.

“The US government’s policy of detaining large numbers of children harms kids and flouts international standards,” said Human Rights Watch researcher Clara Long. “The recent surge in unaccompanied migrant children reaching the US cannot justify longer detention periods… Many [of them] are extremely vulnerable to abuse upon return to their home countries.”

At least 90,000 children are expected to arrive on the border by the end of this year.

A 39 años prevalece impunidad en masacre de Los Horcones

http://radioprogresohn.net/index.php/comunicaciones/noticias/item/1128-a-39-a%C3%B1os-prevalece-impunidad-en-masacre-de-los-horcones

Fue una noche del 25 de junio de 1975, cuando producto de la lucha campesina, 14 personas fueron asesinadas en la hacienda Los Horcones, Olancho, hecho que hasta le fecha continúa en la impunidad como la mayoría de sucesos en nuestro país.

Esa noche hace 39 años, el terrateniente Manuel Zelaya, padre del expresidente del mismo nombre, autorizó al Sub teniente Benjamín Plata para que se instalara en la hacienda Los Horcones con un grupo de militares. El Mayor Enrique Chinchilla, fue contratado para eliminar a los dirigentes campesinos organizados, que realizaban una movilización desde Santa Clara a Tegucigalpa para demandar el acceso a la tierra.

Esta es una de las matanzas más crueles que registra la historia del agro hondureño. La masacre tuvo como principales protagonistas a las Fuerzas Armadas, al gobierno de Juan Alberto Melgar Castro y terratenientes de la zona, entre ellos Zelaya.

Previo al múltiple crimen, los campesinos organizaron varias movilizaciones, entre ellas: la toma de los juzgados de varias ciudades, el desarrollo de concentraciones masivas con interrupción de tráfico en carreteras y se había anunciado una protesta nacional para el 25 de junio de 1975.

El 25 de junio, catorce personas se dirigían a Tegucigalpa, para participar en la movilización contra el hambre, que consistía en la exigencia dirigida al gobierno para que hiciera el reparto de tierras improductivas entre jornaleros.

Pero una noche antes, los campesinos de Olancho pernoctaron en Juticalpa y pasaron la noche en el Centro de Capacitación Santa Clara, en donde agentes del Departamento de Investigación Nacional (DIN), sacaron violentamente a los que se encontraban adentro y los llevaron a la hacienda Los Horcones donde los torturaron y luego asesinaron.

Como parte final de la tortura, les quitaron la vida y arrojaron sus cuerpos a un pozo de 40 metros, que después se cerró con la explosión de dinamita, esto, para eliminar las pruebas.

Responsables

Al pasar el tiempo, la exigencia de justicia tomó fuerza en las organizaciones populares, por esta razón se presionó para que se iniciarán las investigaciones.

Sobre el crimen, los tribunales de justicia encontraron culpables al Mayor José Enrique Chinchilla, Subteniente Benjamín Plata y a los terratenientes José Manuel Zelaya Ordóñez y Carlos Bahr, quienes fueron remitidos a la penitenciaría Central. A pesar de eso salieron libres en 1980 favorecidos por un indulto otorgado por el gobierno.

“Exigimos que se haga justicia, pero lamentablemente la impunidad continúa, el poco tiempo que los responsables estuvieron presos, no es suficiente para lo que hicieron y para el dolor que nos causaron al quitarnos a nuestros familiares”, dijo con tono de decepción Glenys Estrada hermana de Ruth García Mayorquín, quien fue asesinada en esta masacre.

“Hasta le fecha en Juticalpa, siempre hacemos una movilización conmemorativa, en donde llevamos las fotografías de las 14 personas asesinadas y exigimos justicia, pero todo quedó en un simple recuerdo,” siguió argumentando Estrada.

Paradójicamente el gobierno creó un decreto para que el 25 de junio se registre la fecha bajo el acuerdo legislativo 47-2004 y se establezca como el “Día de los Héroes por la Justicia Social en Honduras”. Pero por otro lado no se retoma el caso y no se busca aplicar la ley a los responsables de esa brutal matanza.

Las víctimas de la masacre responden a los nombres de: Casimiro Cypher, padre Iván Betancourt, Máximo Aguilera (padre del dirigente de la Democracia Cristiana, Lucas Aguilera), Lincoln Coleman, Bernardo Rivera, Francisco Colindres, Fausto Cruz, Roque Ramón Andrade, Arnulfo Gómez, Ruth Mayorquín, María Elena Bolívar, Alejandro Figueroa, Juan Benito Montoya y Oscar Ovidio Ortiz.

A 39 años, parece que el suceso quedará en la impunidad y como un simple recuerdo para la clase política gobernante, que lejos de buscar retomar el caso y aplicar la justicia, siguen colaborando para dejar libres a las personas que criminalizan la lucha campesina en el país.

¿Un crimen perfecto?

http://www.envio.org.ni/articulo/4859

El 11 de abril Carlos Mejía Orellana, gerente de mercadeo y ventas de la Radio Progreso de Honduras, fue asesinado. El crimen permanece impune. ¿Cuál fue el móvil? ¿Quiénes fueron los asesinos materiales? ¿Y los intelectuales? Parece un crimen perfecto. Porque el probable móvil político está envuelto en la coartada de la condición homosexual de Carlos. Con este texto, la revista Envío, hermana del proyecto de Radio Progreso, se suma a la condena por este crimen.

Equipo Envío

Salió rapidito, despidiéndose. “¡Me voy de vacaciones y no estoy para nadie!” Pero se detuvo antes de cerrar la puerta:
“Pero para la radio, ¡siempre estoy! ¡Nos vemos!”. Horas después, llamaban a la radio, pero para avisar que Carlos Mejía estaba muerto. Era el 11 de abril, ese día que el calendario católico ha bautizado como “viernes de dolores”, al inicio de la semana santa.

“ERA UNA PERSONA CLAVE”

Carlos Mejía Orellana tenía 35 años. Desde hacía 14 años era el gerente de mercadeo y ventas de Radio Progreso, la popular emisora de los jesuitas en la ciudad de El Progreso. “Era una persona clave en este proyecto”, repiten todos en el equipo.

Ya era tarde cuando llegó a su casa. Vivía solo, en una colonia de la ciudad. Al poco de llegar una vecina tocó a su puerta para pedirle el maíz que iba a moler para las tortillas que iba a llevar al paseo al mar que había organizado para el domingo con toda su familia y sus amigos. “Me dijo que me daría el maíz después porque estaba esperando visita y quería platicar tranquilo”, contó ella.

Un par de horas después empezó a sonar estridente la alarma de su carro, parqueado a la puerta de su casa. Los vecinos salieron a ver qué pasaba. El portón de la casa de Carlos estaba abierto, la puerta de la casa también, pero no estaban forzados. ¿Un robo…? Entraron a la casa, con esa mezcla de ansiedad y miedo que se tejen en la atmósfera que respira hoy tanta gente en Honduras, el país más violento del continente y quizás del mundo. Al entrar al cuarto de Carlos lo vieron tendido en el piso, al lado de su cama, con el pecho atravesado por tres puñaladas. Salieron corriendo a avisar a la policía y al equipo de la radio. Quienes lo mataron movieron de lugar el televisor y varias cosas de la casa, dejando señales de que se trataba de un robo como otros tantos. Pero en la casa nada faltaba, nada había sido robado.

UN “CRIMEN PASIONAL”

En la edición del día siguiente, el diario hondureño “La Prensa” informaba de las declaraciones de Roger Murillo, jefe de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC): “Las primeras pesquisas indican que, minutos antes de ser asesinado, salió a comprar dos pollos para él y otras personas que en ese momento lo acompañaban en la casa y al parecer estaban departiendo”. Anunciaba Murillo que como resultado de la labor investigativa, los agentes habían detenido horas después del crimen a un joven que había dicho ser “pareja” de Carlos. Y sacó la conclusión: “Creemos que el crimen puede estar relacionado con problemas pasionales y no por cuestiones políticas, como lo quieren dar a entender los encargados de Radio Progreso”.

Y es que horas antes de estas declaraciones, el equipo de Radio Progreso había convocado una rueda de prensa para informar del suceso y sentar su posición. El director de la emisora, el sacerdote jesuita Ismael Moreno, corresponsal de Envío en Honduras, fue categórico al exigir una “investigación seria, diligente, precisa y exhaustiva, que lleve a sancionar a los responsables materiales y a los responsables intelectuales”. Y añadió: “No aceptamos rumores sin sustento sobre los móviles”.

Para entonces, los rumores ya corrían por la calle y parecían facilitarle a las autoridades dar por cerrado el caso con el veredicto de que se trataba de un crimen “pasional”. “Todos los maricones acaban así”, decía mucha gente, al sólo conocer la noticia, sin más reflexión y sin compasión.

La coartada estaba servida. El cuerpo de Carlos fue encontrado semidesnudo. El escenario repetía el modus operandi de muchos asesinatos relacionados con personas homosexuales a las que se les quita la vida. Naturalizando el móvil, se les quita también dignidad, restándole importancia y atención al crimen.

“ES UNA MUERTE BUSCADA”

Carlos era gay. “Lo había hablado con él hacía años y él no temió reconocerlo, reconocerse a sí mismo con esa orientación y no ocultarlo ni a su familia ni a sus compañeros, era una persona libre”, nos cuenta Ismael Moreno, el padre Melo.

En algunas horas, el joven detenido fue dejado libre. No había una sola prueba que lo incriminara. El caso no estaba cerrado, pero insistían en cerrarlo por la vía “pasional”. ¿No podría ser otro el móvil, aun contando con el escenario “pasional”, tan bien preparado por los ejecutores materiales?

“Lo entendemos como un golpe frontal al trabajo de la radio, a nuestro trabajo y a nuestra institución”, dijeron el padre Melo y sus compañeros de la radio desde el primer momento. “Esto nos deja más vulnerables y en mayor indefensión”.

Ante los micrófonos de la emisora otras voces comenzaron a abrirle camino a otro probable móvil. Una de esas voces fue la de Silvia Heredia, del programa “Paso a paso” para la prevención de la violencia: “No, ésta no es una muerte más, es una muerte buscada. Todos los asesinatos son injustos, pero éste ha sido para tocar al ERIC y a Radio Progreso”.

¿POR QUÉ TOCARLOS?

Para evangelizar el Valle de Sula, el área de mayor desarrollo económico de Honduras, la que más población migrante atrae de otras regiones del país, nació hace más de 50 años Radio Progreso.

La radio comenzó a emitir en Santa Rita, un pequeño municipio cercano a El Progreso, sin ser propiedad de los jesuitas. En 1970, en los años marcados por la opción por los pobres proclamada por los obispos en Medellín, en la etapa en que Paulo Freire proponía la concientización por la educación popular, en el tiempo de las comunidades de base, los jesuitas adquirieron la frecuencia AM de aquella radio y enseguida consiguieron equipo para transmitir también en onda corta.

Cuando el huracán Fifí causó tragedias en la zona en 1974, Radio Progreso dio a conocer al mundo la noticia. Otras tragedias, las provocadas por los golpes de Estado que caracterizaron aquella década, también pasaron por los micrófonos de la Progreso. Fueron también las ondas de Radio Progreso las que informaron de la masacre de Los Horcones(junio de 1975), en la que terratenientes y militares tramaron y ejecutaron la muerte de quince personas, entre ellas dos sacerdotes, y para borrar las huellas del crimen los lanzaron a un pozo de malacate, donde dinamitaron sus cuerpos.

En 1976 la emisora se transformó definitivamente en una radio popular al servicio de las luchas del pueblo y de las causas justas, que en Honduras eran tantas. No hubo huelga, demanda, reclamo, manifestación, movilización y organización que los micrófonos de la Progreso no acompañaran. Eso la convirtió, una y otra vez, en objetivo de los poderosos políticos y de los poderosos económicos. Advertencias, amenazas, cierres, negociaciones para reabrirla, años y años siempre en la mira. Hasta hoy.

En 1980, tras uno de los cierres de la emisora y estando Honduras bajo una dictadura militar represiva, los jesuitas crearon el ERIC (Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación), para complementar la labor de la radio. Sería un espacio para reflexionar sobre la realidad, para “ver, juzgar y actuar”.

Con los años, las investigaciones políticas, sociales, económicas y culturales del ERIC, y desde el año 2010 los sondeos de opinión pública, se fueron convirtiendo en referentes de credibilidad en todo el país. Hasta hoy.

GOLPE DE ESTADO:
MÁS RIESGOS Y MÁS INFLUENCIA

En junio de 2009, cuando el golpe de Estado contra Manuel Zelaya, la Radio Progreso y el ERIC se graduaron nuevamente con honores en la defensa de los derechos humanos y en las denuncias de la represión desatada contra la gente que se movilizó en resistencia al golpe y reclamando derechos postergados.

A partir de esa fecha y de esa crisis nacional la emisora comenzó a ser un referente para autoridades y organismos internacionales de derechos humanos. Prueba de ello son los dos premios internacionales que recibió la radio, el Premio de la Asociación por los Derechos Humanos de España (APDHE),entregado a Radio Globo, a Cholusat Sur y a Radio Progreso por su defensa de los derechos humanos en el marco del golpe de Estado, y el Premio Peter Mackler 2011 de Reporteros Sin Fronteras y Global Media Forum, entregado a la coordinadora del área de comunicaciones de Radio Progreso por el ejercicio del periodismo en países en los que hay violaciones permanentes a la libertad de expresión.

Con el golpe aumentaron los riesgos. Las instalaciones de la radio fueron allanadas durante el golpe y algunos de sus periodistas y su director fueron objeto de graves amenazas y actos de hostigamiento. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA otorgó a unas quince personas del equipo medidas cautelares para proteger sus vidas.

En mayo de 2011 se las otorgó a Carlos Mejía, quien también recibía amenazas. El Estado hondureño, responsable de cumplir esas medidas, nunca las tomó en serio. “Nunca tuvo voluntad política de cumplirlas, a pesar de haber sido consensuadas con el gobierno en infinidad de ocasiones”, explicaron miembros del equipo de la radio en la rueda de prensa, fresca aún la sangre de Carlos.

EN UN PAÍS VIOLENTO

Honduras es considerado el país más violento del mundo. De acuerdo con el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en 2013 se cometieron 109 masacres y 6,757 homicidios, lo que representó un promedio mensual de 563 homicidios y un promedio diario de 19.

Un informe dado a conocer por Casa Alianza reveló que entre febrero de 1998 y marzo de 2014 fueron asesinados 9 mil 291 niños, niñas y jóvenes menores de 23 años. Durante el gobierno saliente, el de Porfirio Lobo (2010-2013), el promedio fue de 81 muertes de jóvenes mensuales. En el primer trimestre del año 2014 Casa Alianza contabilizaba ya 270 muertes de jóvenes menores de 23 años en hechos de “extrema violencia”.

Ni la depuración de los cuerpos de seguridad de hace años, ni la más reciente militarización de la sociedad con las sucesivas campañas de “mano dura”, han dado resultados, entre otras razones porque dar respuestas auténticas a las profundas desigualdades económicas, sociales y políticas quedan siempre al margen de estas iniciativas.

Una de ellas, desde junio de 2011, es la Ley de Seguridad Poblacional, que establece el cobro de impuestos a depósitos de cierta cantidad en el sistema bancario, a los restaurantes de comidas rápidas, a la telefonía celular, a los casinos y tragamonedas. Los recursos recaudados se deben invertir en seguridad pública. Se calcula que desde la creación de este impuesto se han recaudado más de 1,500 millones de lempiras, pero unos mil millones ya han sido invertidos de forma discrecional, sin saberse en qué. Lo que sí se sabe es que la policía de investigación trabaja en condiciones precarias, sin vehículos y agentes suficientes y sin herramientas básicas para desarrollar investigaciones serias, diligentes, precisas y exhaustivas, como las que reclamó el equipo de Radio Progreso tras el asesinato de Carlos Mejía.

“ERA UN EMPRENDEDOR NATO”

Quisimos hablar con quien recuerda y llora a Carlos como su mejor amigo para que nos contara cómo era: “Amaba a los perros. Y amaba a la gente. Era un tipo muy generoso. Le admiré que iba mediodía de cada domingo a dar clases al Instituto Hondureño de Educación Radiofónica. Quería que ese montón de chavos trabajadores y con deseos de superación tuviera al menos algo de buena educación. Y por eso, no descansaba el único día que le quedaba libre. Le gustaba dar clases. Tenía una licenciatura en Pedagogía. Era incisivo, profundo cuando analizaba la realidad hondureña. Le dolía la corrupción, la injusticia, el descaro de los políticos y de los líderes religiosos y le desesperaba la pasividad del pueblo”.

Así lo describe: “Era audaz, lanzado, siempre queriendo innovar, probar cosas nuevas, un emprendedor nato. Tenía una Maestría en Dirección Comercial y Mercadotecnia, pero sus capacidades se formaron porque desde niño tuvo que ingeniárselas para ayudar a su familia. Un día me contó su primera prueba. Cuando tenía seis años su mamá, doña Salvadora, lo mandó a la plaza del pueblo a vender los tamales que ella hacía. Se sintió tremendamente responsable con su carga de tamales. Pasó que cuando los había vendido casi todos, cuando se le acercó un viejito diciéndole: “Dejame probar uno y te traigo el pago en un ratito”. Carlos le creyó, le dio el tamal y se quedó mucho rato esperando el pisto que nunca llegó… Regresó a su casa llorando, temía la penqueada que le darían por no traer el dinero completo. Qué va, su mama lo felicitó por el éxito de la venta y también porque aquel pobre viejito pudo probar uno de sus tamales. Y él dejó de llorar”.

LA RÁPIDA EXPANSIÓN
DE LA RADIO

El asesinato de Carlos Mejía priva a Radio Progreso de la persona que con extraordinaria habilidad y dedicación, garantizaba a la emisora el 60% de sus ingresos. Y lo arranca de esta tarea en momentos en que la radio, una herramienta de movilización social, conocida y reconocida en todo el país, vivía momentos de expansión, proceso en el que participaba activamente Carlos.

A partir de 2005, Radio Progreso amplió su cobertura al occidente y al norte del país. A partir de 2009, en la etapa abierta por el golpe de Estado, la propuesta de comunicación de la emisora se amplió significativamente, fortaleciendo alianzas con sectores sociales: mujeres, indígenas, pobladores, ambientalistas, organizaciones de derechos humanos y organismos anticorrupción. Las alianzas se concretaron en un incremento de los espacios radiales conducidos por esas organizaciones, en campañas de sensibilización llevadas a cabo en coordinación con varias de ellas y en una mayor demanda de formación y apoyo que le solicitaban movimientos organizados de todo el país.

Radio Progreso crecía “en sabiduría y gracia”. Su influencia era cada vez más patente. En 2012 amplió su cobertura en el departamento de Colón y en la ciudad de La Ceiba, tercera ciudad del país, después de Tegucigalpa y San Pedro Sula, cubriendo así prácticamente todo el corredor norte de Honduras.

A finales de 2013 el gobierno saliente de Porfirio Lobo le concedió una frecuencia en la capital. Esto estaba representando nuevos desafíos, que estaba asumiendo ya el equipo: ampliar el contenido de los espacios noticiosos y las estrategias de participación, tomando aún más en serio el modelo de la radio en la calle y el periodismo de intermediación.

Cuando Carlos Mejía fue asesinado la emisora iba a ampliar su cobertura en el Bajo Aguán, zona del país donde se identifica de manera más clara la acumulación de capital en pocas familias, una zona extremadamente violenta, en la que, en términos del grado de violencia contra la población campesina, se desarrolla el conflicto agrario más grave de los últimos quince años, no sólo en Honduras sino en toda Centroamérica. Durante el gobierno de Porfirio Lobo fueron asesinados 105 líderes campesinos, muchos de ellos en esta zona.

UN CRIMEN PERFECTO

En este contexto, no es prejuicioso ni apresurado pensar que el asesinato de Carlos Mejía haya tenido como móvil enviar al equipo un mensaje de sangre con la intención de frenar la expansión y la influencia de la radio.

Bien elegido el momento del mensaje. Bien elegida la víctima, porque de ella dependían muchos recursos financieros. Bien elegido Carlos, porque su homosexualidad facilitaba a quienes decidieron eliminarlo el escenario para la más sencilla de las coartadas: la “pasional”. Un crimen perfecto.

EN UN PAÍS HOMOFÓBICO

En un muro de Tegucigalpa alguien escribió un día un grafiti provocador: “Ser homosexual es cosa de hombres”. Muy pronto lo borraron, aunque le sobraba razón al que lo pensó y lo expuso. Porque soportar la discriminación de la homofobia es una tarea que requiere de mucho valor, el valor que la cultura asigna a los hombres. Carlos tuvo ese valor.

La homofobia sigue siendo uno de los prejuicios más incrustados en la mentalidad de la gente. Y como sucede en todas las sociedades tradicionales, conservadoras, empobrecidas por las desigualdades y por la baja calidad de la educación, Honduras tiene una sociedad homofóbica, en la que son muchos los que han confundido los conceptos: llaman “pecado” a la homosexualidad, cuando el pecado es la homofobia, por lo que encierra de discriminación, de rechazo y de odio, de traición al Dios del que habló Jesús de Nazaret.

El alto nivel de homofobia que existe en la sociedad hondureña adquirió relieve internacional en octubre de 2011, con las posiciones expresadas por la Confraternidad Evangélica de Honduras, que pidió a las autoridades suspender un concierto que Ricky Martin iba a tener en Tegucigalpa a beneficio de una fundación de ayuda a la infancia. Martin había confesado su orientación homosexual un año antes. En carta al Ministro del Interior, los religiosos expresaban su preocupación por “el mensaje y ejemplo” que transmitiría el cantante, en momentos en que se requiere “levantar y cultivar los más altos valores cívicos y morales tendientes a consolidar y a no debilitar la esencia de la nacionalidad hondureña, que es la familia”. A pesar de todo, el concierto se celebró.

“CRÍMENES DE ODIO”

Unos meses después del “escándalo” por este concierto, en junio de 2012, ochenta congresistas estadounidenses escribían a la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton pidiéndole que exigiera al gobierno de Honduras -a cuenta de la ayuda que recibía de Estados Unidos- medidas contra la homofobia que sufren las personas homosexuales en Honduras.

En su carta, los congresistas demócratas denunciaban “crímenes de odio”: unos 70 hombres y mujeres pertenecientes a la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales) habían sido asesinados en Honduras desde junio de 2009, fecha del golpe de Estado, hasta la fecha en que escribían a Clinton. Señalaban también que la mayoría de estos asesinatos habían quedado “en la más absoluta impunidad”.

EN UN PAÍS DE IMPUNIDAD

Este país violento y homofóbico que es hoy Honduras, es también un país donde reina la impunidad. Según el Fiscal General de la República, el 80% de los asesinatos no se investigan y quedan en la impunidad. Las organizaciones de la sociedad civil consideran que la cifra es mayor y hablan del 90%.

De más de 30 asesinatos de periodistas, solo el 10% presentan alguna investigación. Un ejemplo trágico es el de los asesinatos de mujeres: de los 300 femicidios ocurridos en 2013, sólo se han presentado en 5 casos se han presentado los requerimientos fiscales para resolverlos, según información del Centro de Derechos de Mujeres.

Los asesinatos que cometen el crimen organizado y el narcotráfico quedan en la impunidad. También los asesinatos políticos quedan en la impunidad. ¿Quedará impune el asesinato de Carlos Mejía, recubierto su posible móvil, su dimensión política, tanto por las autoridades como por sectores de la sociedad con la coartada de “lo pasional”?

UNA SOLIDARIDAD
QUE RECLAMA JUSTICIA

A Radio Progreso llegaron en los días siguientes al crimen muchos mensajes y comunicados de solidaridad con la emisora y de repudio por el crimen.

Llegaron de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH, de Reporteros sin Fronteras, de periodistas y emisoras radiales de Estados Unidos, Canadá y de todo el continente, de Amnistía Internacional, de congresistas demócratas de Estados Unidos, de religiosos de varios países, de jesuitas de todo el mundo -aunque faltaron voces de los jesuitas más cercanos, tal vez por el temor que inspira “lo pasional”-, de organismos de cooperación internacional de distintos países de Europa…

Todos se dolían por la vida segada de Carlos, todos exigían una investigación y una sanción, todos clamaban porque
el crimen no quedara en la impunidad.

“LO QUE USTED NOS ENSEÑÓ, QUERIDO CARLOS”

El equipo de Radio Progreso sigue esperando la verdad y la justicia. Y mientras espera, recuerda al “compañero del alma tan temprano” que se les fue.

Del mensaje con que lo despidieron el día de su entierro son estas conmovedoras palabras: “Usted, querido Carlos Mejía, se nos fue sin siquiera pedir permiso…Usted se nos fue cuando más urgía su presencia entre nosotros, ya no sólo para sacarnos de apuros en cada quincena con su afanosa búsqueda de recursos bienhabidos, sino porque su presencia siempre inspiró ternura, servicialidad y compañerismo… Usted bien sabe que su ausencia no tiene un fácil reemplazo. Catorce años de su vida compartidos con nosotros, no se cierran como una puerta de un porrazo…”

“De usted, querido Carlos, quizás no aprendimos cómo dirigir una sesión de trabajo, porque cuánto le huía usted
a las reuniones y siempre las consideró una pérdida de tiempo. Tampoco aprendimos de usted a hacer un análisis político ni técnicas para diseñar un plan estratégico. Pero usted bien sabe que ninguna cosa de ésas pudieron hacerse ni en la Radio ni en el ERIC sin su silenciosa pero efectiva actividad de mercadeo. Usted nos enseñó con su práctica cotidiana aquello que escuchamos de los analistas: que incluso la más sublime de todas las actividades requiere de lo económico como base para subsistir”.

“Hay algo más que usted nos enseñó con su ejemplo silencioso. Y es que mientras unos escribíamos reflexiones
y otros presentábamos noticias y otros nos quemábamos la materia gris sacando adelante un texto, usted compraba una provisión cada quincena para una anciana mujer abandonada. Y eso nunca quiso que saliera a luz, porque nunca quiso sacar pecho con sus obras de solidaridad. Fue el testimonio de esa anciana quien sacó a luz una de sus múltiples virtudes cuando ya las puñaladas de sus asesinos lo habían arrancado de nuestra vida”.

“USTED, QUERIDO CARLOS
SE FUE DE VACACIONES”

“Lo último que usted nos dijo antes de abrir la puerta para irse en aquel viernes once de abril, nos da la pista para seguirlo teniendo entre nosotros. Al decirnos adiós nos dijo que se iba de vacaciones y que sólo respondería si la llamada era por alguna publicidad para la Radio. Entonces, digamos que usted se fue de vacaciones y mientras descansa, ojalá recostado en una hamaca, le haremos llamadas para consultarle sobre lo que hacemos y usted no vacilará en responder a nuestras llamadas, porque así nos lo dijo al despedirse.

Desde ya, querido Carlos, espere la llamada que le haremos para pedirle el consejo de cómo montar una pauta radial para informarle a todo nuestro pueblo que de las puñaladas con que lo mataron están brotando flores que llenan de energía nuestra incansable lucha contra la impunidad”.

El caso Tumbador suma en la larga lista de impunidad en el Aguán

El equipo del Cofadeh visitó a Marta Julia López esposa de Ciriaco Muñóz

Tocoa, Colón.

En un sector tan violento donde los defensores y defensoras de derechos humanos arriesgan las vidas para defender los derechos de los campesinos y campesinas, la impunidad gana terreno cada día que pasa.

Se trata de la zona del Aguán localizada en el departamento de Colón al norte de Honduras. El 15 de noviembre de 2010, guardias de seguridad que trabajaban para el terrateniente Miguel Facussé asesinaron a 5 campesinos en la finca de palma africana conocida como Tumbador.

Un fallo emitido por el tribunal de justicia dictó sobreseimiento provisional para los supuestos victimarios, aumentando con ello la desconfianza en la aplicación de justicia y perpetrando la impunidad de los victimarios en el Bajo Aguán.

Un equipo de procuradoras de derechos humanos del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) que visitó la zona, constató que la Fiscalía no presentó ningún recurso de apelación para contrarrestar la decisión del tribunal, proporcionando libertad para quienes dispararon y mataron a 5 campesinos.

Las consecuencias de estos hechos han derivado en situaciones precarias para las familias de las víctimas, cuando las viudas perdieron la fuente de ingresos que proporcionaban sus compañeros de hogar y en el presente afrontan grandes dificultades para alimentar a sus hijos e hijas que quedaron sin padres.

Uno de esos casos es de María Concepción Membreño, esposa de Teodoro  Acosta. Cuando su compañero de hogar fue asesinado, su hijo menor apenas tenía 10 meses de nacido y ahora después de 4 años lucha por la vida para alimentar a sus 5 hijos.

Membreño dijo a defensoresenlinea.com que los que mataron a su marido fueron guardias de seguridad del terrateniente Miguel Facussé y que esa muerte junto a la de otros cuatro campesinos, cegó las intenciones de recuperar tierras y los anhelos de cultivar para sobrevivir.

“Uno de pobre, por eso es que necesita las tierras para cultivar, porque yo soy pobre y para mí es difícil todo esto, yo ya no soy como antes como cuando él estaba (Teodoro Acosta), encuentro todo diferente y no tengo amparo de nadie, solo de Dios”, expresó con tristeza Membreño que vive con sus hijos e hijas en una pequeña parcela de tierra en la comunidad Guadalupe Carney, municipio de Trujillo, en el departamento de Colón.

María Concepción Membreño dando declarciones al periodista Marvin Palacios

La situación que vive María Concepción Membreño no difiere mucho de las otras cuatro viudas que demandan justicia al Estado de Honduras, al perder a sus compañeros de hogar en condiciones violentas y a manos de guardias de seguridad, que de acuerdo a denuncias operan con total impunidad en el Aguán.

A cuatro años de los trágicos eventos para estas familias campesinas, el caso se encuentra en un punto muerto, no hay avances y mucho menos, esperanzas de alcanzar justicia.

En febrero de 2014 la organización internacional Human Rights Watch publicó un informe sobre Honduras titulado: “‘Aquí no hay investigaciones’: Impunidad de homicidios y otros abusos en el Bajo Aguán, Honduras”.

Las autoridades hondureñas no han investigado adecuadamente la ola de homicidios y otros abusos presuntamente vinculados a conflictos por la tierra en la región del Bajo Aguán, señaló Human Rights Watch.

El informe examina 29 homicidios y dos privaciones ilegales de la libertad ocurridos en el Bajo Aguán desde 2009, así como violaciones de derechos humanos cometidas por soldados y policías. Human Rights Watch determinó que fiscales y policías ignoraron sistemáticamente medidas de investigaciones oportunas y exhaustivas que permitieran esclarecer estos delitos, y dicha omisión ha sido reconocida en entrevistas por fiscales, policías y militares hondureños.

“Incluso tratándose de un país con alarmantes niveles de violencia e impunidad, la situación en el Bajo Aguán es particularmente grave”, observó José Miguel Vivanco, Director para las Américas de Human Rights Watch. “La ausencia de las medidas más básicas para llevar a los responsables de crímenes ante la justicia, ha perpetuado un clima de impunidad que estimula nuevos delitos, e incrementa la desconfianza en las autoridades”.

En ninguno de los 29 homicidios documentados por Human Rights Watch en el Bajo Aguán se ha dictado condena, según surge de información proporcionada por funcionarios gubernamentales. Solamente un caso llegó a juicio: El asesinato de cinco campesinos, ocurrido en noviembre de 2010.
Pero en enero de 2013 se dictó el sobreseimiento provisional hasta que se presentaran nuevas evidencias, luego de que la justicia no encontrara elementos suficientes para seguir adelante con la causa, y desde entonces no se ha reanudado. Se trata del caso conocido como Tumbador, ocurrido en Trujillo, departamento de Colón.

En 13 de los 29 homicidios y privación ilegal de la libertad que investigó Human Rights Watch, las evidencias apuntaban a la posible intervención de guardias de seguridad privada. Los guardias privados están sujetos a las leyes nacionales sobre uso de la fuerza y están obligados a respetar los derechos de los ciudadanos.

Las investigaciones de casos en que las víctimas indicaron que había guardias privados involucrados han estado marcadas por reiterados errores y omisiones, como situaciones en que los fiscales no exigieron los registros laborales donde consta qué guardias estaban trabajando cuando se cometió un delito.

Debido a la presunta participación de guardias de seguridad que trabajan para empresas agroindustriales del Bajo Aguán en delitos vinculados a conflictos por tierras, la Oficina del Ombudsman (CAO) —el mecanismo de rendición de cuentas de la Corporación Financiera Internacional (IFC)— ha iniciado una investigación sobre préstamos otorgados por esta última a la Corporación Dinant, propiedad del terrateniente Miguel Facussé.

La IFC, organismo de préstamo al sector privado del Banco Mundial, cuenta con normas sobre las prácticas de sus clientes relativas a contratación, utilización y supervisión de guardias de seguridad privada, en particular ante denuncias creíbles de abusos. La Corporación Dinant indicó a Human Rights Watch que realiza investigaciones internas de todas las denuncias de abusos que afectan a su personal y coopera plenamente con las autoridades en relación con cualquier denuncia penal.

El informe del Ombudsman del Banco Mundial, que se difundió en enero de 2014, identificó graves problemas en el modo en que el personal de la IFC había manejado la situación, que incluyeron subestimar los riesgos relativos a seguridad y conflictos por tierras, y no actuar con la debida diligencia a pesar de que se había planteado públicamente la situación relativa al proyecto y los riesgos que suponía. Según concluye el informe, el personal de proyectos de la IFC tampoco informó a otros especialistas de IFC en este tipo de riesgos ambientales y sociales sobre los problemas que sabían que estaban sucediendo. La IFC ha reconocido públicamente que hubo falencias en la implementación por la IFC de sus propios estándares.

Durante su gobierno, de 2010 a 2013, el presidente Porfirio Lobo adoptó ciertas medidas tendientes a mitigar los conflictos por tierras en el Bajo Aguán a través de mediación y compra de tierras. Pero, en general, la estrategia de su gobierno para abordar la violencia en la región consistió en incrementar la presencia de fuerzas de seguridad y atribuir su origen a grupos delictivos. No obstante, esta estrategia no contribuyó a reducir los delitos ni mejorar la rendición de cuentas, sostuvo Human Rights Watch en su informe-

El gobierno del presidente Lobo tampoco adoptó medidas preventivas para proteger a personas que se encontraban en riesgo a causa de conflictos por tierras en el Bajo Aguán, incluso en casos en que las evidencias sugerían de manera persuasiva que era probable que se produjeran hechos de violencia. En al menos dos ocasiones desde 2010, fueron asesinadas personas que previamente habían sido beneficiadas formalmente con “medidas cautelares” por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en razón de las actividades que desarrollaban en el Bajo Aguán, y que exigían al gobierno hondureño brindarles protección inmediata.

Estas víctimas fueron un periodista y un activista campesino. En un tercer caso, un abogado de derechos humanos a quien el gobierno hondureño había prometido protección fue asesinado. Ninguna de estas tres víctimas contaba con protección del gobierno en el momento en que fueron asesinadas, concluyó Human Rights Watch.

En otras instancias de amenazas creíbles a comunidades o personas, los funcionarios no han investigado los hechos ni han ofrecido medidas de protección efectivas. Reiteradamente en 2013, militares en la región agravaron el riesgo al cual estaban expuestos ciertos activistas que trabajan en el Bajo Aguán, al hacer declaraciones difamatorias y cuestionar la credibilidad de su trabajo.